El Gramsci menos pensado: la lectura de las Fuerzas Armadas en Argentina

Videla preso en Campo de Mayo acusa al por entonces gobierno de Cristina Kirchner de seguir una “política gramsciana” respecto al plan implementado en materia de derechos humanos durante los gobiernos K. Los militares de la Escuela Superior de Guerra ‘José María Campos’ lo estudian al menos desde la década del ‘80. Un sitio inesperado para encontrar su pensamiento.

En el marco de un nuevo aniversario del golpe de Estado en Argentina, compartimos uno de los artículos que será parte del primer número de la Revista Catarsis, donde Victoria Darling, profesora e investigadora de la UNILA y del IEALC-UBA, analiza las lecturas y usos de Gramsci dentro de las Fuerzas Armadas.  

El Gramsci menos pensado: la lectura de las Fuerzas Armadas en Argentina

Por Victoria Darling[1]

A mediados de mayo de 2012 fue dada a conocer en España la entrevista menos esperada sobre una de las vertientes del pensamiento castrense que orientó la dictadura cívico-militar de los años setenta en Argentina. En tiempos de reclusión carcelaria, el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, fue entrevistado en Campo de Mayo por el periodista español Ricardo Angosto.

La entrevista tuvo dos partes, una relativa a un análisis del pasado reciente, otra referida a una lectura del presente. Pasado y presente. El diálogo pautado salió publicado en el semanario Cambio 16 y tuvo múltiples repercusiones en Argentina, un año después era reproducido de manera íntegra por el periódico Página/12.

El discurso genocida, en medio de un sinfín de debates sobre la legitimidad de otorgarle a un dictador la palabra y darle cabida en el centro de la opinión pública, estuvo atravesado por una frase que remite al pensador italiano fundador del Partido Comunista.

“Este plan [relativo al plan de gobierno de Cristina Kirchner] sigue una política gramsciana que esta gente cumple de punta a punta, disuadiendo a unas instituciones que han tomado como rehenes, creando desaparecidos que nunca existieron y vaciando de contenidos a la Justicia. Hoy la República está desaparecida, no tiene Justicia porque la que tiene es un esqueleto sin relleno jurídico; el mismo Parlamento no tiene contenidos”, afirmó.

En el marco de sus intensas y nunca desinteresadas declaraciones, Videla dejó entrever su dominio de la teoría gramsciana y no sólo eso, también su capacidad de aplicación práctica como discurso y expectativa de aquello que implica un cambio en la entonces inestable correlación de fuerzas.

Bien o mal, su interpretación no es ingenua. ¿Qué se juega en el dominio de la perspectiva crítica de Antonio Gramsci?

Las Fuerzas Armadas: las armas y las ideas

El pensamiento de Antonio Gramsci recorrió los caminos más recónditos y menos imaginados a lo largo de las últimas décadas. Sus ideas fueron tema de debate en distintas organizaciones políticas de izquierda en los años setenta, y también tema de discusión por parte de la socialdemocracia durante los primeros años de la década de los ochenta.[2]Ahora bien, poco se analiza la construcción de pensamiento por parte de los militares, círculos castrenses donde inesperadamente encontramos también un interesante legado de estudios sobre el pensamiento del fundador del Partido Comunista Italiano.

Lo cierto es que el uso de conceptos precisos por parte del dictador argentino no sólo descubre un conocimiento de aquello que la entonces insurgencia civil de los años setenta dominaba como saber de la práctica revolucionaria, sino que descubre otro saber, menos conocido y más complejo. Se trata de un conocimiento específico que trasciende a la teoría gramsciana como herramienta de intelección y análisis de la correlación de fuerzas y la coloca al servicio del propio dominador -en este caso, en franca retirada-, o sea, como estrategia de inteligencia y orientación a la acción en tiempos de fracaso político de un proyecto.

¿Qué usos son susceptibles de ser reivindicados unívocamente por una teoría?

Gramsci fue estudiado por los militares al menos desde los años 80 en la Escuela Superior de Guerra Teniente General José María Campos, de Buenos Aires. La preocupación principal de los militares era difundir estudios que aludieran al “socavamiento de los valores, las creencias y las costumbres al que la teoría conduce habilitando un contexto en el que el que el hombre y la sociedad pueden terminar adhiriendo a los principios marxistas”.

fuerzas armadas

Para los militares el pensamiento gramsciano, en el marco de un arco amplio y diverso de pensadores considerados marxistas -entre los que se encuentra Sigmund Freud y Paulo Freire-, realiza una crítica destructiva poniendo en práctica una “polémica dialéctica” (sic) que pone en duda los valores, las normas y las instituciones a través de los medios de comunicación, la educación y las expresiones culturales.

La lectura que realizan de los cuadernos releva aspectos clave del pensamiento de Gramsci, además de un estudio riguroso de su vida y sus aportes.

“El camino al socialismo seguido por Gramsci no pasaba por los proletarios de Marx y Lenin ni por los campesinos de Mao, sino por los intelectuales, por la clase media por los estudiantes, por el plano de la cultura, la educación y el efecto multiplicador de los medios de comunicación social, buscando a través de métodos persuasivos, sugestivos y/o compulsivos, cambiar su mentalidad, desvinculándolos de la escala de valores tradicionales, para insertar sus propios valores ateos y materialistas” (Bettolli, 1987: 54).

La preocupación radica en que las ideas de Gramsci atenten contra los valores tradicionales y en particular, con los principios morales del catolicismo. Religión y teoría marxista son colocados como conjuntos doctrinarios que compiten en similares condiciones por el dominio de las mentes. Los militares identifican que existe en las ideas de izquierda una instrumentación de la agresión que sufren las sociedades occidentales en el plano de la cultura, la educación y los medios de comunicación.

Los temores y salvaguardas son explícitas y como no podría ser de otra manera, refieren al pensamiento crítico, “se distorsiona el concepto de autoridad confundiéndolo con autoritarismo y a este con totalitarismo, o el de orden Identificándolo con fascismo o represión (…). Por otra parte, se exalta el adulterio, la pornografía y la drogadicción como formas de liberación, a la vez que se justifica la homosexualidad o el de concubinato como propios de la vida moderna.” (Bettolli, 1987:59).

Interesante. Las lecturas de Freud, Gramsci y Freire contendrían exaltaciones de liberación no sólo política. Claro, al tematizar la propuesta de transformación de Gramsci se afirma que “al tratarse de un cambio de mentalidad o sentido común, es evidente la necesidad de la afectación de la psiquis del individuo y de la sociedad”.

Contra la conciencia de opresión

En un amplio y heterogéneo arco que considera marxistas a pensadores como Sigmund Freud, Paulo Freire y Antonio Gramsci, la perspectiva castrense condena el avance progresivo de la profanación de las costumbres y la vulgarización de las ideas.

“Consideramos que la guerra subversiva-revolucionaria desarrollada por el marxismo consiste en acciones insidiosas o violentas a través del empleo de medios políticos, económicos, financieros, sicosociales, culturales y militares, buscando la alteración o la destrucción de la escala de valores, del orden y de las estructuras que conforman la vida de una Nación, influenciando profundamente a su población con la finalidad de tomar el poder e imponer los principios que sustenta su cosmovisión” (Bettolli, 1987: 52).

No es para menos, nada más claro en la filosofía de la praxis que la voluntad de explicar cómo se ejerce el poder, entendiendo que no existe ni ejercicio de la violencia en estado puro ni consenso acabado, sino una mixtura inseparable entre ambas dimensiones de la dominación en las que la política, la cultura y la transmisión de ideas constituyen y definen la disputa de clase.

En el artículo “El pensamiento de Antonio Gramsci” de Luis Bettolli, publicado en la Revista de la Escuela Superior de Guerra, en 1987, no se retoma el concepto de hegemonía. A diferencia de las interpretaciones dominantes, está ausente la referencia al proceso hegemónico como arena de conflicto y mapa en el que se juega la dirección política. Tal vez esta ausencia se deba a una falta de profundización en la teoría gramsciana que busca en el análisis de la correlación de fuerzas respuestas más complejas que la sola explicación del marxismo como apuesta por la invasión, transformación y diseminación de ideas. Gramsci comprendía a la hegemonía como un concepto material y político que sus acepciones actuales suelen ignorar. Como campo de fuerzas (Roseberry, 2002), la función de la hegemonía permite leer las dinámicas relaciones entre el poder del Estado, su alcance y reproducción. Es más, entendida como proceso político, no acabado y en debate, la hegemonía arroja claves útiles para comprender el rol de determinados actores, su auge en el poder y su decadencia. Difícil imaginar a miembros de la fuerza castrense reconociendo aspectos de la derrota de su proyecto de dominación y el entonces repliegue, en pleno siglo XXI.

“¿No es sorprendente también que se hayan juzgado a oficiales y suboficiales que aquellos días tenían apenas una veintena de años o algo más?”, pregunta el periodista español en la entrevista a Cambio 16. Videla, el dictador, responde: “Mire, yo digo que si el juzgado en este caso, independientemente de su edad, lo es en función de haberse excedido en el cumplimiento de una orden está bien juzgado. Los demás, le aseguro, son todos juicios políticos (…) Este plan sigue una política gramsciana que esta gente cumple de punta a punta, disuadiendo a unas instituciones que han tomado como rehenes, creando desaparecidos que nunca existieron y vaciando de contenidos a la Justicia. Hoy la República está desaparecida”.

Oscuros derroteros de la historia que enarbolan discursos reiterados de daños irreparables. Insospechado el uso de las herramientas de Antonio Gramsci que, frágil en la prisión destinó sus años de encierro a la elaboración de manuscritos capaces de derribar el cerco fascista interpretando críticamente la realidad, creando estrategias de lucha y resistencia.

El marco material y significativo es, en parte, discursivo (Roseberry, 2002), los términos que se habla de una relación social remiten a la controversia. Sin duda alguna, el estudio de Gramsci por parte de los militares en 1987, así como la entrevista concedida por Videla, consisten en expresiones de lucha y resistencia de fuerzas que, frágiles y subalternizadas, no abandonan antiguas conocidas pretensiones políticas.

Videla convoca en la entrevista a armarse nuevamente en defensa de las instituciones. Frágil interpretación de Gramsci que mucho agregaría a quien aspira a tomar el poder sin contar con una clara lectura del momento que se atraviesa.

No debemos olvidar que a diferencia de la idea comúnmente diseminada de Gramsci como teórico del pacifismo o de la lucha en el ámbito de la cultura, Gramsci nunca deja de escribir, trabajar y pensar en términos de revolución. No lo hace de manera violenta, disertando sobre la captura material del Estado, sino, de un proceso de transformación que requiere del enfrentamiento militar. Reconocer este punto tal vez sirva para no matizar ni subestimar el peso de las transformaciones propuestas por el intelectual italiano, menos aún para edulcorar una teoría que por su peso, poco tiene que ofrecer a los conservadores del orden.

Bibliografía

Angosto, Ricardo (2013) Entrevista difundida por Pagina/12. Entrevista original exclusiva a Jorge Rafael Videla, en Cambio 16, España17 de mayo de 2013. Buenos Aires.

Bettolli, Luis (1987) “El pensamiento de Antonio Gramsci”, en Revista Escuela Superior de Guerra, Nro. 481, Enero–Marzo, pp. 51-70.

Roseberry, William (2002) “Hegemonía y lenguaje contencioso”, en Gilbert, J. y Nugent, D. (Comps.) Aspectos cotidianos de la formación del Estado. La revolución y la negociación del mando en el México moderno. México: ERA.

Soprano, Germán (2015) “El ejército argentino: de la Doctrina de la Seguridad Nacional a la definición de nuevas concepciones de la defensa en democracia, 1983-2014”. Ponencia presentada en el 39 Encuentro Anual da ANPOCS, 26 al 30 octubre, Minas Gerais. Disponible en: http://www.anpocs.com. Acceso: 4 de septiembre de 2018.

[1] Con sincero agradecimiento a Roxana Díaz por, entre otras cosas, colaborar gentilmente en el acceso a las publicaciones de la Escuela Superior de Guerra.

[2] Académicos, políticos e intelectuales recuperaron el pensamiento de Antonio Gramsci en el contexto de los primeros años de la transición a la democracia en Argentina postulando la necesidad de construir amplios consensos como contracara de la violencia política y el terrorismo de Estado de la década precedente.

[Artículo publicado en Revista CATARSIS Número 1, Buenos Aires, marzo 2019]

https://catarsisrevistaargentina.wordpress.com/

Imágenes: Pezzi impazziti

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